El amor al prójimo es en realidad la idea central que hoy quería compartirte, pero el suelo enredarme con facilidad y al final decidió ampliar la temática. Ya había comenzado a escribir este artículo y mi amiga Rosita me ha inspirado con una frase que parece ser de Sandra Bullock y que me ha hecho replantear el enfoque de lo que ahora estás leyendo. La frase dice así: “Hay momentos en los que la tentación de responder con la misma moneda es fuerte. De devolver cada falta de respeto, cada gesto cruel. Pero entonces me detengo, observa. Veo sus vidas, sus batallas, y entiendo que el mundo ya les ha dado suficiente castigo. Algunas guerras no se pelean con palabras, sino con silencio. Al final, cada quien da lo que lleva dentro. Yo elijo no devolver el daño, sino seguir adelante”. Sus palabras resuenan mucho con mi forma de entender la vida. Mi objetivo con este escrito es relacionar, ordenar y aterrizar todas estas ideas.
Desde siempre me ha gustado averiguar la etimología de las palabras, y desde que tengo uso de razón también me ha gustado tratar bien a los demás. De pequeña me llamaban pelota porque era demasiado amable; pero en realidad mi vocación en esta vida es cuidar a los demás. Y nada tiene que ver con complacencia, que es algo muy diferente y dañino. La palabra prójimo deriva del latín “ proximus ” y significa el que está próximo , el más cercano . Me resulta curioso como a veces ponemos toda nuestra atención en lugares y guerras lejanas. Nos preocupamos y ocupamos de estos temas enviando recursos y denunciando acciones beligerantes de políticos y dirigentes. El planeta entero está en guerra, y no abandonarles está muy bien. Pero creo que no tiene mucho sentido querer arreglar lo que sucede en países lejanos cuando bien cerca se libran batallas a diario.
En mi casa a veces se desatan conflictos y me gustaría izar bandera blanca, pero me sale gritar , reaccionar o defenderme . A veces una pequeña chispa se convierte en bronca. Yo he pasado muchos años a la defensiva. Pero en realidad tenemos poder de elección como dice Sandra Bullock. No digo que sea fácil, pero podemos elegir otra forma de comportarnos como por ejemplo callar en ese instante en lugar de reaccionar y hablar más tarde cuando el suflé o la gaseosa se nos baje, o también podemos elegir apartarnos antes de gritar y dañar. Dejarse llevar por la ira es en realidad una elección. Ir en piloto automático sin darnos cuenta que nosotros mismos somos dueños de nuestros actos creo que es algo que podríamos revisar para mejorar la convivencia con los que nos rodean.
Con la edad me calmó y entendió que el germen de cualquier lucha con otro estaba dentro de mí. Cuando estoy en paz conmigo misma es difícil que me enzarce en peleas. Dejemos de echar culpas a terceros y empecemos a hacernos responsables de nuestros actos. También comprobó que cuando alguien me trata mal habla más de él/ella que de mí. Es en ese instante cuando la palabra compasión cobra verdadero sentido. Tenderle una mano en lugar de un machete suele apaciguar los ánimos y los efectos de la tormenta se minimizan. Dejar de echar más leña al fuego suele funcionar en estos casos.
Una vez escuché a un monje budista algo que yo siempre había pensado pero que al oírlo en voz ajena me impactó gratamente. Es poco coherente pretender hablar de paz mundial o decir que te llevas muy bien con la gente cuando te llevas mal con las personas que convives a diario, las más próximas; o sea, maridos, mujeres, hijos, padres, hermanos o amigos. Es fácil llevarse bien con las personas que apenas rozamos. El verdadero reto consiste en tratar bien al próximo, o sea, el que está más próximo. Desde que puse foco en ello y decidí elegir vivir sin discutir con los que me rodean a diario la tranquilidad y buen rollo son habituales en casa. Tratarnos mal los unos a los otros es una mala costumbre y vivir con calma es una elección que está al alcance de cualquiera. Y tú, ¿qué eliges?
Comparto contigo algo que me ayuda a convivir en paz con los míos y que tiene que ver con la generosidad y la amabilidad . Cuando tengo la tentación de gritar, atacar o saltar paro y me pregunto a mí misma: ¿qué es lo más generoso y amable que puedo hacer en esta situación? Hago tres respiraciones profundas y entonces imagino una cámara rápida lo que podría pasar si me dejo llevar por la ira, y luego pienso qué pasaría si no reaccionase de esa forma tan agresiva. Compara ambas situaciones y elijo . Es uno de los hábitos más sanos que integré hace años en mi vida y que ha facilitado tener una excelente relación con los que convivo.
PD: Si ves alguna incoherencia gramatical, error de sintaxis, palabras mal escritas o sin sentido en algún lugar del texto, te informo que es debido al procesador de texto del blog que a veces da error y cambia palabras o expresiones. Espero que de cualquier manera se entienda bien lo que trato de contarte.






Estoy tan de acuerdo que este texto bien podría haberlo escrito yo.
De hecho, la frase que no me he cansado de repetirme a mis hijas desde bebés es la siguiente:
“No hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti”
Si el mundo girará en torno a esa sencilla regla, la convivencia y respeto serían lo normal, sustituyendo a las luchas y disputas actuales.