Mi cerebro hizo una conexión automática y al instante pensé en dos de mis personas vitamina . Efectivamente hay personas que nos inspiran, nos potencian, nos hacen soñar y volar a la vez que nos aterrizan en tierra firme. Son personas que nos acompañan, nos validan y por supuesto también nos dicen con respeto y gracia aquello que, aunque no nos guste oír necesitamos escuchar. Son personas que sacan lo mejor que nosotros llevamos dentro y que desde que llegan a nuestras vidas nos hacen sentir importantes y amados de verdad . Son personas que nos transmiten buen rollo.
Hace exactamente una década dos de mis personas favoritas llegaron a mi vida para quedarse. Primero Rafa, mi marido, y justo después Patricia, esa amiga con la que nunca paro de reír y puedo llorar siempre que me haga falta. Ellos aparecieron por casualidad, sin haberlos buscado, pero como reza la cita de El Principito, “si tuviera que volver a comenzar mi vida, intentaría encontrarte mucho antes…” Cuando llamaron a mi puerta yo estaba casi destruida. Los dos me devolvieron la ilusión que había perdido hacía mucho tiempo. No sé si en la botica de tu alma tendrás algo parecido. Espero que sí. Y si no, ojalá lo encuentres algún día.
En una próxima entrada te hablaré de Rafa. Hoy quiero centrar toda mi atención y poner foco en Patri, esa amiga argentina que sin querer cambiarme hizo que yo solita volviese a mi ser y recordase cuál es mi esencia. Trajo de vuelta a la Marta alegre, divertida y confiada. Lejos quedó la Marta que se le había olvidado vivir y disfrutar, y que más bien sobrevivía en un mar poco talentoso. Esa Marta que se había consumido y apagado absorbiendo la energía negativa de otros.
Nunca se me va a olvidar aquel verano del 2015. Yo estaba en la piscina con Lola. Mi hija chapoteaba en el agua y yo leía en una tumbona a la sombra. De pronto ella irrumpió con una pila de libros y se presentó con desparpajo. Era de Argentina, piel bronceada y ojos claros. A Patri le chifla tostarse al sol cual lagartija. Vivió en Barcelona varios años y en enero se había trasladado a Madrid con su familia; marido y dos hijas. Casualmente sus niñas iban al mismo colegio que las mías. Por eso me traía aquel montón de libros que ahora podían servirle a Lola, ya que nuestras dos hijas menores se conocían de vista porque compartían el patio escolar. Una vez hechas las presentaciones y agradecimientos oportunos nos pusimos a hablar como si nos conociésemos de toda la vida, y la charla aún sigue intacta. El paso de los años ha confirmado que aquel instante supuso el inicio de una verdadera amistad.
Recuerdo que subí a casa emocionada. No podía parar de hablar. Desde luego aquello fue un encuentro sílex . Mi energía que andaba un poco fundida por aquel entonces se transformó enseguida. Aquel encuentro fue un chute, un punto de inflexión, un antes y un después, una fiesta de pijamas de niñas enloquecidas, una chispa, unos fuegos artificiales, un regalo para el alma . Podría escribir una novela entera hablando de ella. No es el momento ni el lugar. Pero sin lugar a dudas Patricia me sirve como excusa para hablarte de esas personas que nos motivan, que nos potencian y nos hacen vibrar de una forma muy especial .
Dicen que nos acabamos pareciendo a las cinco personas con las que más nos relacionamos, y en parte es cierto, sobre todo si vamos en piloto automático o como pollo sin cabeza. Rodéate de personas vitamina que te hagan sentir bien, que te quieran de verdad, que hagan que luzcas y que te recuerden cómo es vivir ilusionado. Aléjate de aquellos que te consumen y apagan, aquellos que no te tratan bien. Huye de esas personas que vuelcan y vomitan su frustración y amargura contra ti. No más pastillas tóxicas que nos revuelven y envenenan poco a poco.
La vida merece la pena ser vivida. La alegría se contagio, la energía se transmite y la bondad se regala . “Podemos ir fundidos o encendidos por la vida”, como diría Victor Kuppers. Si bien es cierto que cada uno tiene su carácter y temperamento de serie, también es cierto que tenemos cierto margen de maniobra y podemos elegir entre sonreír o penar, entre lucir o apagar, entre vivir o morir. Somos lo que transmitimos.
Y tú, ¿qué quieres transmitir? ¿De quién te quieres rodear? ¿De quién te alejarías para vivir con paz y tranquilidad?
FE DE ERRATAS: querido lector si encuentra alguna errata o frase mal sonante te pido disculpas. Es debido a un problema del procesador del blog.






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