Un nuevo curso por delante

by | Sep 12, 2024 | Mi Diario, Propósito, Misión y Visión, Retos

11 de septiembre de 2024

Muchas personas asumen que el año nuevo comienza el 1 de enero. Para mí la sucesión de años empieza y termina con los cursos escolares. Al principio fue mi propia etapa escolar la que marcaba el paso, después la de María, y ahora la de Lola.

Hoy mi hija menor comienza oficialmente un nuevo curso, 4º de la ESO, con horario de mayores de 08:50 a 13:50; Así podremos comer juntos cada día. Ayer acudió al colegio para conocer a su tutor, sus profesores, sus nuevos compañeros y reencontrarse con viejos amigos. Yo también celebro la vuelta a mi cole particular con nuevos proyectos, propósitos e ilusiones. Un curso entero por delante con nuevos retos y desafíos. Con oportunidades de nuevos aprendizajes y consolidación de hábitos cada vez más integrados y naturales en mí.

De septiembre a junio las rutinas y obligaciones propias de la vida marcan un ritmo muy distinto a los meses de julio y agosto, que me invitan a conectarse con otras actividades y sobre todo a no vivir tan apegada a un reloj. Me gusta ese cambio de ritmos entre tensión sana y relajación; uno y otro se retroalimentan. Ni todo puede ser obligación ni todo puede ser jolgorio. Existe una perfecta armonía que hace que desee la llegada de cada etapa.

Aunque tengo muy presentes mis valores y pasiones todo el año, parece que cada época acuna y abraza actividades diferentes. En verano puedo pasear al faro, soltar obligaciones, leer frente al mar, ver películas en familia muchos días de la semana sin tener que esperar al domingo, jugar al parchís y pachangas de continental, o mirar las estrellas desde la terraza. Puedo divagar e imaginar. Improviso, fluyo. Recojo piedras, conchas y palos. En invierno tengo más estructura y orden mental, temporal y espacial: atiendo el blog, escribo la novela, doy formaciones solidarias a padres y profesores, me ocupo de la casa; decoro las piedras, palos y conchas que recogi en la playa y los transformo en regalos para amigos o productos para mercadillos solidarios. En el invierno materializó las ideas que soñé en el verano. Ambas estaciones son amigas en mi mente, se llevan bien y las vivo con satisfacción.

El verano pasado aterrizó en mi cabeza la idea de crear un blog y después de mucho trabajo este año “Vivir con Ilusión” ya navega en el ciberespacio. En verano me gusta recapitular y pensar sobre aquello que me propuse el verano anterior. Me gusta hacer balance. Me gusta pensar en mis logros y comprobar que no solo eran sueños. La diferencia entre un sueño y un objetivo es que el segundo se encarna y hace real porque se le pone una fecha de cumplimiento y existe compromiso, constancia y acción. Los sueños se quedan en bonitas intenciones, encerradas, que no salen de nuestra imaginación. Este invierno encontré la manera de dar forma a la novela que llevo tanto tiempo perfilando. Varios años pensándola y escribiéndola sin salir del atasco en el que me encontraba. Sabía que no iba en la dirección correcta. Aún así no dejé de escribir y persistir. Nunca se sabe cuando llega la inspiración. Han hecho falta más de tres años para encontrar el camino, para tener buenas vibras y conectar con sensaciones corporales que me indican que voy por buen camino. Estoy disfrutando del proceso. Puede que cuando publique reciba o no reciba el Premio Planeta, jajaja. Lo que sí estoy segura es del buen rato que estoy pasando mientras le doy forma. También me alegra mucho saber que los proyectos solidarios están arrancando y tomando forma poco a poco. Ha sido un año de mucho crecimiento personal y de objetivos cumplidos.

Como madre me siento tremendamente realizada. La decisión que tomé hace casi 23 años me llena ahora de orgullo y satisfacción personal. Cerré el despacho y trabajar a jornada completa como madre, enfermera, payasa, profesora, taxista, coach, peluquera o cocinera es el mayor esfuerzo y mejor trabajo recompensado que he realizado en mi vida. Acompañar, educar y criar a mi hija mayor, María, después de que naciera con tan solo 550 gramos, se quedara en 470 y me dijeran que su futuro era cuando menos incierto ha merecido mucho la pena. Colgué la toga y me até el mandil. Hoy recojo los frutos de todo lo que sembré y mi sufrimiento cobra sentido. Veo la mujer autónoma y buena en que se ha convertido aquella niña que nació tan frágil y no puedo hacer otra cosa que no sea mirar al cielo y decir: GRACIAS. ¡Ole, ole y ole!, como diría Victor Küppers. El año pasado, después de terminar su carrera de Magisterio dio sus primeros aletazos tímidos hacia la independencia y se posó en San Francisco, California, como profesora de español en un colegio americano. Este año vuela y abandona el nido haciendo parada en Dublín para ser maestra de alumnos irlandeses.

Aquí en casa todavía queda mucho trabajo por hacer y muchas semillas que abonar. Lola está en plena adolescencia y recorrer este camino unidas, que no juntas, está siendo toda una experiencia. Se habla mucho más de la parte negativa e ingrata de esta etapa, la “aborrescencia”, como diría el padre de la criaturita. Bendita crianza consciente y respetuosa; gracias a ella estoy viviendo estos años como la oportunidad perfecta para conectar y disfrutar de ella. Mi hija pequeña no deja de asombrarme; el admirador. Es mi mejor maestra y aprendo mucho con ella. Me ayuda infinito haberla educada sin gritos, amenazas, premios o castigos. Enfocándonos en soluciones y no en reproches. Conectando y negociando en vez de perdiéndonos el respeto en asuntos que realmente no tienen tanta importancia como creen otras personas. Acompañándola y alentándola en lugar de imponer y sermonear. Dejando que se caiga y se levante sola, aunque ofreciéndola mi mano siempre que ella me la pida. Es así como uno aprende de sus errores, crece y se hace responsable. Tiene todo su futuro por delante, pero tiene la certeza de que si duda y se da la vuelta yo estaré justo detrás, pegadita solo a un paso. Ella sabe que la escucho sin juicio. Confía en mí, y yo confio en ella.

El curso 2.023 -24 ha sido estupendo. Me relaciono con mis padres desde un lugar más amable. Esto lo aprendí hace muchos años, pero siento que es ahora cuando se consolida y asienta de verdad. Querer es poder, y cuando alguien desea algo de corazón lo consigue, más tarde o más temprano.

Para el próximo curso ya me he marcado objetivos concretos . Tener propósitos e ilusiones hace que tenga clara la diferencia entre vivir y sobrevivir, me ayuda a no perder el entusiasmo aunque surjan problemas y dificultades. Porque la felicidad no significa estar bien a cada instante; Eso me resulta irreal y frustrante. La felicidad, para mi, consiste más bien en disfrutar lo bueno que aparece cada día y gestionar lo que me resulta complicado sin desarmarme y perder mi paz interior.

¡Si me leyendo estás, te deseo un “Feliz Curso Nuevo” lleno de ilusión y ganas de aprender!

 

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