Narra la relación contada en primera persona y con formato epistolar de una abuela y su nieta. Esta abuela, sabiendo que su muerte está próxima, decide escribir cartas a su nieta ausente. En ellas le explica y comparte muchas confidencias, intimidades, secretos, anhelos e interpretaciones de la vida.
Se nota que la experiencia de la vida dota de un poso de sabiduría y templanza que la juventud no puede tener. Cuando recorres una vida entera y envejeces llegas a conclusiones imposibles de entender a edades tempranas. Cuando te haces mayor encuentras respuestas a muchas preguntas, e incluso aceptas que algunas dudas ni siquiera tienen solución o explicación, simplemente hay que dejarlas reposar para que las respuestas se vayan desvelando y revelando por sí mismas.
Lo que más me ha gustado de este libro es la armonía que transmite entre lo mundano y lo profundo, entre los chascarrillos del día y los sentimientos más íntimos de una mujer madura. Me ha conectado con la reflexión y la reconciliación; el final de la vida de esta abuela también es una invitación a nuestro mundo interior. Me ha ayudado a pensar sobre la relación que tengo con algunas personas cercanas y qué puedo hacer yo para cambiar entornos, sentimientos, pensamientos o acciones que me llevarán a resultados más satisfactorios para todos: ¿qué podría hacer yo de manera diferente para mejorar esto que no funciona?
Te dejo uno de los muchos extractos que dan para meditar un rato largo:
“¿Quién sabe si meterás los pies en mis pantuflas después de haber leído esta historia? Espero que sí, que irás chancleteando mucho tiempo de una habitación a otra, que darás más vueltas por el jardín…Lo espero, no para mendigar tu compasión, ni para que me des una absolución póstuma, sino porque es necesario para ti, para tu futuro. Entender de dónde venimos, qué hubo antes de nosotros, es el primer paso para poder avanzar sin mentiras.”






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