Hace unos meses mi querida amiga Patri, argentina, alegre y auténtica me habló de una serie corta que se llama Nada. No me hizo spoiler; solo me dejó con la intriga y me dijo que era genial: ¡Andá vela! Todo lo que me recomienda suele gustarme así que la busqué y la vi. Reconozco que saber que Robert De Niro la coprotagonizaba también llamó mi atención. El actor que interpreta al protagonista es Luis Brandoni, un afamado actor argentino que yo no conocía y que me ha cautivado, por lo menos en esta ocasión porque no he visto ningún otro trabajo suyo.
Brandoni da vida a Manuel, un ácido y a veces mordaz crítico culinario. Casi todas las escenas tienen lugar en Buenos Aires, donde él vive en una casa muy particular, y algunas en Nueva York, donde vive su buen amigo Vincent, Robert de Niro, que es el narrador de la historia.
Manuel es mayor, excéntrico, gruñón y venido a menos. Un tanto decadente. Tiene dificultades para relacionarse con algunas personas, aunque es contradictorio y con otras mantiene un contacto sincero, tierno y profundo.
Toda la vida convivió con una especie de ama de llaves. Una señora que hacía las tareas domésticas, llevaba su agenda, le llevaba y traía de aquí para allá, vamos, estaba en todo, de tal forma que él prácticamente no se preocupaba ni ocupaba de NADA, salvo su trabajo.
De repente, sin previo aviso la buena mujer desaparece y Manuel se sume en una angustia e incertidumbre vital que lo corroe. Al poco tiempo aparece una joven asistente paraguaya que lo cambia todo. Antonia.
Esta serie deliciosa trata temas cotidianos y aparentemente sencillos. Dibuja perfectamente muchos estereotipos y lo que pasa con ellos. Se apoya en recetas culinarias típicas argentinas que identifican la comida con situaciones y momentos vividos.
Una genialidad. He disfrutado con ella a lo grande. Son cinco capítulos cortos, muy cortos, de apenas media hora. Podría haberla visto en dos horas, del tirón pero preferí alargar el momento y fui capaz de ver un capítulo cada dos días. Eso me ha mantenido ilusionada, con ganas de ese momento reparador y placentero después de todo un día a veces con dificultades, a veces simplemente con su rutina ordinaria.
La interpretación de casi todos los actores es sublime. Las escenas, los planos, los diálogos, los detalles y la intención están muy cuidados. Una preciosa miniserie que por lo menos a mí me ha regalado buena honda y esperanza. Con que poquito las personas nos pueden tocar el corazón y hacer que reluzca otra versión de nosotros mismos que a veces anda escondida o despistada.






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