Puede que te estés preguntando, ¿qué tendrá que ver esto con el título del artículo? Te cuento. Para mí los Manolitos son una de las grandes gratificaciones que me regalo de vez en cuando. Posponer la gratificación significa ser capaz de esperar algo que deseas con muchas ganas, una recompensa para el cuerpo y el alma. Cuanto mayor es la tentación y más te gusta la gratificación o recompensa, mayor es la dificultad pero también la satisfacción de superar la espera y posponerla. No te puedo describir con palabras cómo me siento de bien cuando he sido capaz de esperar algo que tenía tantas ganas. Es una de las mejoras formas de mantenerme ilusionada. Tengo otras gratificaciones como son tomarme una copa de vino blanco los viernes después de hacer la limpieza a fondo en casa, o una cerveza los sábados y domingos cuando terminamos de pasear; comprar algún artilugio para cocinar; empezar un libro que me entusiasma o ver un capítulo de mi serie favorita.
Posponer la gratificación ayuda a hacernos más fuertes mentalmente y sobre todo a sentirnos muy bien con nosotros mismos porque nos empoderamos de verdad, sentimos orgullo personal y nos empezamos a ilusionar por cosas que antes ni apreciábamos ni valorábamos. Nos sentimos capaces porque somos nosotros mismos los que comprobamos y experimentamos en carne propia que hemos podido esperar. Esto nos anima a continuar poniéndonos a prueba con retos mas difíciles. Cuando alguien nos dice con la mejor intención que podemos y luego comprobamos que realmente no hemos podido solemos desanimarnos. En cambio, cuando eres tú mism@ el que superas y logras algo que te habías propuesto es cuando te das cuenta que puedes, crees en ti mismo y te sientes muy bien. Frases del estilo de Mr. Wonderful como “¡tú puedes!” o “¡si lo intentas lo consigues!” han generado en muchas personas expectativas poco realistas ya que no siempre lo que intentas lo consigues ni se puede con todo; no es del todo cierto. Lo que si es cierto es que para llegar al Everest tienes que ir pasito a paso y a tu ritmo.
Esperar actualmente es más difícil que antes e incluso heroico ya que todo está al alcance de muchos y a un solo golpe de clic. Puedes por ejemplo entrar en una plataforma y verte cualquier serie del tirón; antes no quedaba más remedio que esperar una semana para ver el siguiente capítulo de tu serie favorita. Te gustase o no tocaba esperar, no había más opciones. La espera era natural y obligatoria. Hoy la tentación es grande ya que la espera no es una obligación sino una elección. Puedes elegir entre esperar cada semana para ver un capítulo o verte la serie del tirón. Las generaciones menos jóvenes sí o sí nos hicimos mucho más fuertes, resilientes y con gran fuerza de voluntad. ¡A la fuerza nos ahorcaban! Por narices teníamos gran tolerancia a la frustración. Hoy es todo un reto aprender a esperar. Se habla mucho de que los niños no tienen paciencia pero sí muy baja tolerancia a la frustración, (añadiría yo que también muchos adultos que se han contagiado del espíritu de la época.) ¿Pero cómo no caer en la tentación si tenemos todo al alcance tan fácilmente?
Dejemos de enjuiciar lo mal que lo hacen los demás. Soy la primera que no siempre consigo esperar al viernes para tomarme la tan deseada copita de vino. El día a día frenético, acelerado y loco que llevamos, el nivel de estrés que tenemos cuando llegamos a casa, por no hablar del multitasking y aquello de ser nuestra mejor versión es agotador. Necesitamos la gratificación inmediata en vena. Cuando volvemos a casa después de un día cualquiera y abrimos la puerta de casa para soltarnos la faja y ponernos las pantuflas quién quiere pensar en posponer la gratificación. ¿No me merezco una cerveza bien fresquita? ¿Voy a esperar una semana para ver un capítulo de la serie? ¿Contar hasta 10 antes de gritar? ¡Anda ya!
Pero no enjuiciar a los demás o a mí mism@ no significa que no podamos ver si hay algo en lo que podríamos cambiar y mejorar. Quizás pienses que esto de esperar algo que deseas es una chorrada, que tú te lo mereces y que además no esperas porque no quieres, no porque no puedas. Podría ser, sí. El problema es cuando comprobamos que realmente no somos capaces, que no podemos esperar, que somos más bien flojos. Es bueno tomar consciencia de todas estas circunstancias si no queremos ir en piloto automático por la vida, que por supuesto es otra opción para algunos. Pero no justifiques la debilidad; admitamos que a veces nos cuesta. Somos más bien blandos, y está bien querernos y aceptarnos como somos; por favor no querría yo que ahora empecemos a fustigarnos. No, no se trata de esto. Pero si sería bueno que por lo menos tomemos consciencia de que si queremos optar a convertirnos en una versión mejorada de nosotros alguna vez (tampoco a todas horas para no caer en el perfeccionismo y la autoexigencia tóxica y dañina, que es el otro extremo de la cuerda) éste es el primer paso. Posponer la gratificación es un gran gesto, aunque parezca nimio, para empezar a cambiar y lograr muchas de las cosas que anhelamos.
Efectivamente, somos humanos y no siempre podemos ni queremos lucir nuestra mejor versión. Pero posponer la gratificación y ser capaces de esperar un poquito esa recompensa madura nuestra corteza prefrontal, nos hace tener más fuerza de voluntad y tener más control sobre nosotros mismos en todos los sentidos. Desde que se habla más de neurociencia y todas sus aplicaciones se sabe que igual que podemos entrenar nuestro cuerpo en el gimnasio también podemos entrenar nuestra mente y ser mas dueños de nuestros actos en lugar de dejarnos llevar por nuestros impulsos y justificarnos.
A lo mejor se te hace un mundo no comerte ese bollo que te llama a gritos, dejar de mirar el móvil por un rato, tomarte un copazo o fumarte un cigarro. No te agobies. El primer día puedes empezar esperando 5 minutos a su llamada. Otro día 10, y así sucesivamente serás capaz de ir mejorando esa espera y autocontrol. Merece la pena. Es muy aconsejable si quieres empezar a practicar hacerte una lista con tus gratificaciones o recompensas y su grado de dificultad. Mejor por escrito que mentalmente. Y aún mejor con papel y lápiz que en el móvil. Parece que el compromiso es mayor, como cuando firmas un contrato. Te resultará más fácil cumplir si lo escribes que si lo piensas.
Empieza por algo que no te resulte muy difícil y no por aquello que sabes que de momento eres incapaz de posponer. Verás que poco a poco puedes ir incorporando acciones más complicadas o incluso imposibles e impensables de momento. Tú sabes qué es aquello que más y menos te cuesta esperar. Ejemplos típicos de gratificación o recompensa: mirar cualquier tipo de pantalla, comprarte ese bolso que te chifla o la última versión del iphone, asediar la despensa para comerte un dulce o esa patata frita que te traen de tapa con la cervecita, etc. Tiempos de espera: 5, 10, 15 o 20 minutos. 1, 2, 3 o 4 días. 1, 2, 3 o 4 semanas. ¡Ya tú sabes! (Jajajajaja).
La relación que tenemos con la comida, la bebida, las compras compulsivas o las adicciones tecnológicas se han convertido para muchas personas en un problema. Son una forma de calmar la ansiedad que padecemos. Es muy fácil dejarse llevar por hábitos que no son del todo saludables, pero podemos empezar por lo menos a reducirlos para más tarde controlarlos. Este pequeño-gran gesto de posponer una gratificación es muy buen ejercicio para ir ensanchando poco a poco nuestro músculo de la autodisciplina.






0 Comments