“El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo.” W. Churchill

 Desde hace unos años se habla mucho de qué es la resiliencia. Podemos escuchar esta palabra en la radio, las redes, los programas más o menos cultos de televisión, conferencias o formaciones. Recuerdo perfectamente cuando hace unos años mi amiga Almudena, que trabaja en un colegio dando clases de francés a niñas de secundaria, había asistido a una formación para profesores donde le explicaron qué era la resiliencia. Yo ya conocía el tema. No hace mucho tiempo oí como un locutor de radio al que admiro la ridiculizaba y explicaba que le generaba rechazo hablar de ella a todas horas. Seguramente la palabra está un poco desgastada, sí, pero la idea y el mensaje no puede olvidarse. Es fundamental seguir hablando de ella. Hay mucho desánimo, mucha desilusión y frustración, mucho agotamiento y mucho pesimismo.

 Para mí la resiliencia son esas ganas locas de vivir, de disfrutar, de comerme el mundo pase lo que pase. Es crecer en un desierto y dar fruto, querer aprovechar esa última gota de agua que quede en la tierra.

La cosmovisión de la vida con el paso de los años va cambiando. Desde el siglo pasado hemos pasado de ser duros como piedras a no aguantar ni una china en el zapato. La resiliencia queda perfectamente definida con esta célebre frase de W. Churchill: “El éxito consiste en ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo.” No pasa nada si nos caemos, si fracasamos, si nos equivocamos y cometemos errores.  Lo importante en la vida es saber caerse y luego levantarse. Puede ser que alguien nos haga daño, nos hable mal, no nos trate como a nosotros nos gustaría. Es una faena sí, pero no ayuda mucho quedarnos instalados en la queja, mejor salir pronto de ahí. Esto es la resiliencia.

La felicidad no es estar todo el día flotando en una nube o la ausencia de problemas, porque eso es irreal. La verdadera felicidad pasa por disfrutar las cosas buenas que nos ocurren, y saber gestionar y superar los problemas, situaciones adversas o experiencias desagradables. Porque no existe una vida sin problemas. Los problemas vendrán y se irán, y volverán a aparecer y a desaparecer. La resiliencia es la capacidad de elegir cómo queremos encararlos: rindiéndonos o pasando por encima de ellos, enfrentándolos y sobreponiéndonos.

En general observo un sentimiento de gran frustración y queja en la sociedad, y un deseo de facilidad y comodidad. Para estar bien mejor que todo llegue rápido, sin problemas y con poco sufrimiento. Hemos pasado de la cultura del esfuerzo a la ley del mínimo esfuerzo. Y esa es la trampa, queremos triunfar sin despeinarnos. Muchos niños, jóvenes y adultos de hoy en día quieren todo fácil, y si no me enfado. Pasamos de relojes con agujas a relojes digitales, de zapatillas con cordones a zapatillas con velcro. Hemos ido allanando tanto el camino, que ahora, ante el más mínimo percance nos desmoronamos, hundimos o frustramos. Hemos pasado de un extremo a otro: nuestros abuelos eran duros como piedras y nosotros nos estamos volviendo frágiles como el cristal. También es muy importante que todo sea divertido, y si no me aburro. Lo que no nos damos cuenta es que precisamente el aburrimiento da lugar al ingenio y a la creatividad. Tenemos que estar continuamente entreteniendo a nuestros hijos, tenerles ocupados para que no sufran el paso del tiempo sin hacer nada. Y por supuesto todo tiene que ser inmediato. Nadie puede esperar. A golpe de click tenemos cualquier antojo en nuestra casa. Ya no basta con Amazon, mejor Amazon Prime. Ya no hay que esperar una semana para ver el siguiente capítulo de una serie, ya no hay que esperar a que el cartero nos traiga aquella carta que tanto esperábamos, ya no hay que esperar a nuestro cumple para recibir regalos, porque todo es motivo de premio. La facilidad y comodidad, la diversión y la inmediatez per se no son malas, pero si cada cosa que hacemos tiene que ser al amparo de ellas entonces tenemos un problema, porque nos hemos acostumbrado tanto que si no es fácil me enfado, si no es divertido me aburro y si no es inmediato me desespero.

La resiliencia es esa capacidad de sobreponerse a un problema más o menos grave. Es esa capacidad y fuerza que hace que nos levantemos cuando algo nos sacude y nos tira. Es saber posponer la gratificación, es la fuerza para superar y enfrentar lo que la vida nos depara sin desanimarnos.

Algunas ideas para aumentar nuestra resiliencia podrían ser:

  • Permitirnos el aburrimiento de vez en cuando. Esa sensación que en principio parece incómoda y desagradable nos ayuda a agudizar y activar nuestra mente. Aumenta nuestro ingenio y creatividad.
  • También sería bueno ejercitar la autodisciplina. Para esto hay un ejercicio práctico que da muy buen resultado y aumenta la fuerza de voluntad en cuanto se empieza a realizar. Es lo que se conoce como posponer la gratificación inmediata. Por ejemplo, si quiero un bollo me espero, una copita de vino me espero, mirar el móvil me espero, comprarme algo me espero. Puedes empezar de menos a más. Cuando aprendes a posponer la gratificación suceden dos cosas mágicas: la primera es que ensanchas la fuerza de voluntad, y la segunda es que agradeces todo de una forma increíble. Valoras todo mucho más. El consumismo salvaje de los últimos años hace que muchas personas ya no valoren casi nada.
  • Empezar a desechar la idea de la distracción cuando algo nos duele o no nos gusta. Esto es la puerta directa a las adicciones: de medicamentos, alcohol, drogas, compras compulsivas, uso compulsivo de pantallas, etc. Tendemos a evadirnos o a querer desconectarnos cuando algo se nos hace muy cuesta arriba. Para no sufrir me distraigo, me apago, me anestesio de múltiples formas. Cada uno tiene la suya. Lo malo es que cuando volvemos a la cruda realidad el problema sigue ahí, no ha desaparecido. Por eso mejor que evadir o distraer es resolver, encarar, enfocarse en soluciones o pedir ayuda y compartir aquello que nos quita el sueño.

 

 

 

 

 

 

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